ASI SE HIZO
 
Películas

“Cuscús” (La graine et le mulet) por Abdellatif Kechiche (Director del film)
 

Cartel promocional de CUSCUS

Comencé con una fantasía popular, la clase de historia que gusta contar en los barrios pobres sobre la gente que consiguió escapar de la esclavitud moderna, de un camino a ninguna parte, abriendo sus propios negocios. Y quería tratarlo con cierta ironía, tomármelo como si fuera un cuento.

Así que en cierto modo es una aventura, una narración más cercana a lo que es este formato narrativo, con todas sus digresiones, suspenses, etc., más que un film de acciones de por sí.

El protagonista es viejo, pobre y árabe, y quiere construir algo grande para recuperar su dignidad y ayudar a los suyos a salir adelante. Incluso cuando me encerré para concentrarme y mantener el interés en la acción, que por su valor eufórico y simbólico era muy importante para mí, paradójicamente, dejé que las cosas adyacentes se juntaran y formaran un pila de accesorios a la historia, que se justifican por el simple placer de ver los acontecimientos en la vida diaria de una familia.

Al final, esa dimensión es la que más me interesa. Se trata de acercarse a estos personajes que amo, para mostrar pequeñas cosas de su vida diaria. Por eso tuve que adoptar un ritmo narrativo singular. Generalmente, una acción continua no te permite fijarte en nada detenida-mente, pero una comida de una familia de verdad o mostrar la emoción en el rostro de alguien, necesita tiempo en pantalla para hacerlo bien.

Esta unión entre la dimensión novelística y el retrato acertado de los personajes y su medio es crucial para mí, en parte porque yo pertenezco a ese mundo y me he implicado emocionalmente. Pero sobretodo, es una reacción a los retratos demasiado esquemáticos de la realidad, yo quería mostrar todas las complejidades de esta familia franco-árabe, todos ellos profundamente implicados en la apertura del restaurante, y con esperanza en un futuro que no necesariamente implica la negación de su identidad.

Me parecía importante hacer un alegato franco y enérgico en favor del derecho a ser diferente, sin caer en la trampa de la ligereza. Una fina línea por la que caminar, y de hecho una línea esencial por mi implicación emocional y mi predispuesto punto de vista.

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